Tras una visita reciente a la Sierra de Castril para hacer barranquismo con Trujo decidí que era el sitio ideal para hacer un par de jornadas de senderismo con los niños y dormir al raso. Hablando con Álvaro, gran conocedor de la zona, me propuso una ruta estupenda para hacerla sin mucho problema en esas dos jornadas. De hecho el la había hecho con compañía en un único día, pero dado que la idea era ir con niños, llevar apechusques para dormir y que el calor aprieta ya en junio, podríamos dividirla en 2 tramos sin problema.
Decidimos salir al medio día del sábado. Si, no es el mejor momento (por lo que a calor se refiere), pero no quería llegar al sitio de dormir y que todavía quedara mucho día por delante (los niños podrían aburrirse y podríamos tragar más horas de sol de las previstas). Una vez abandonado el coche (¡gracias Sandra por prestárnoslo!) en los Cortijos del Nacimiento, donde hay una gran tubería que alimenta una central eléctrica empezamos la marcha para detenernos a los pocos minutos junto al rio para comer algo. Mejor allí que había sombra y fresquito del río, ya que la excursión comienza con la mayor cuesta de las dos jornadas. Tras un buen bocadillo de filete empanao (un clásico) comenzamos a subir buscando el Cortijo de la Puerca. Y si, es una buena cuesta. Fuimos haciendo bastantes paradas casi en cada sombra que pillábamos para recuperar el aliento (¡qué quejicas estamos hechos!) y echar tragos de agua. La verdad es que es en esa subida donde empiezas a ver la espectacularidad de la sierra. Cada minuto de subida te ofrece unas vistas imponentes del rio Castril abajo y las montañas que lo rodean.
En el Cortijo de la Puerca tuvimos nuestro primer contacto con algún habitante de aquellos lares: dos machos cabríos bastante mayores, que estaban descansando a la sombra y que se fueron cojeando cuando llegamos (parecíamos un elefante en una cacharrería). Una vez reanudamos la marcha la pendiente se relajó bastante, aunque aún nos quedaba por subir bastante ese día. Esa tarde tuvimos un encuentro particularmente simpático. Vimos a lo lejos, al otro lado del valle que caía a nuestra derecha, un rebaño de ovejas bastante numeroso. Pero muy cerca nuestra empezamos a escuchar unos balidos. Era una cría de oveja muy simpática. La pobre se había separado del grupo y claramente estaba llamando a su grupo para orientarse. El rebaño no se hizo esperar y empezaron a llamarla de vuelta con balidos muy insistentes para que se orientara y pudiera acercarse a ellas. Sin embargo, al lumbreras de Jorge se le ocurrió comenzar a emitir unos berridos / imitación de oveja y se ve que no le salió muy mal porque el pobre animal en vez de dirigirse hacia su rebaño, que estaba lejos y tendría que atravesar zonas complicadas se unió a nuestro grupo. Se ve que nuestra apariencia humana no bastaba para asustarlo y que los balidos de Jorge convencieron al bicho de que seguirnos era una buena opción. Analizamos la situación y decidimos que era buena opción dejar al animal seguirnos un rato, porque por la parte más ancha sería más fácil que se encontrara luego con su rebaño. Efectivamente cuando estábamos más altos asustamos un poco al bicho para que fuera en la dirección de su rebaño. Asumimos que hubo rencuentro familiar.
Poco más tarde llegamos al punto más alto de la excursión (el Portacho, 1800 y pico metros) donde comenzamos a descender, pasando por varios algunos puntos especialmente bonitos (algunos collados, rocas imponentes que desafían la gravedad y algunos pasos cercanos a caídas importantes. Ya relativamente cerca de nuestro objetivo para pasar la noche encontramos una fuente preparada para los rebaños de la zona donde recargamos agua abundantemente con el filtro y comenzamos a través del collado junto al Puerto de Lézar el descenso al pequeño prado donde pasaríamos la noche (pasando por la Cueva del Puerto). Tal y cómo me había indicado Álvaro, ese sitio era ideal para pasar la noche. No solo había todavía algo de hierba verde donde plantar las esterillas, sino que teníamos agua limpia cerca y, la verdad, es que nos hizo una noche estupenda. Ni frio, ni calor, ni viento, ni mosquitos o alimañas molestas... Allí es donde descubres que cuando estas cansado después de un buen pateo, cualquier cosa te parece una maravilla. Jorge y Laura disfrutaron de lo lindo de un cutre vasito de pasta estilo chino prefabricado como si fuera un plato de alta cocina: "¡qué bueno está!".
La noche fue apacible y, aunque habíamos llevado algo de material fotográfico para sacar alguna instantánea del cielo estrellado, la verdad es que a Gustavo y a mi nos dio pereza salir del saco y disfrutamos del cielo (¡¡bastante bueno!!) directamente desde nuestro saco. Pudimos ver varias estrellas fugaces y una Vía Láctea que parecía que se te iba a caer encima. Allí no hay casi contaminación luminosa y la Luna no estaba brillando en el cielo, con lo que las estrellas se contrastaban mucho en el cielo.
Por la mañana el Sol salió temprano (bueno, salió a la hora que tenía que salir, pero nos pareció temprano), así que nos despertamos y levantamos sin entretenernos muchos para aprovechar las horas con menos calor. El camino de vuelta iba a ser mayoritariamente cuesta abajo. Pasamos por varios prados donde algunas vacas bien hermosas junto a sus terneros pastaban y descansaban sin prestarnos mucha atención. También pudimos ver, en lo más alto de algunos picos cercanos a varios buitres y otras rapaces oteando el horizonte e (imagino) buscando algún bicho moribundo del cual poder alimentarse. Pasamos a través de algún rebaño de cabras y tuvimos un descenso por una pendiente que hizo las delicias (¡ejem!) de Noelia y los niños. No fue para tanto, pero ciertamente se quejaron un poco (no podemos culparlos por ello).
Después de esa cuesta entre piedras llegamos al desfiladero de la Osa, donde pudimos ver un ejemplar de Tejo milenario. Dicho desfiladero esta preparado para que se pueda acceder más o menos fácilmente, con un sendero bien delimitado, sus vallas de madera y tal. A mi me hubiera molado más bajarlo haciendo barranquismo por sus cortados y rápeles (que dudo que estén instalados y dudo que sea legal hacerlo). De hecho fue en ese punto donde nos cruzamos con los primeros ejemplares de homo sapiens y de canis familiaris. Desde que salimos el día anterior de los coches no habíamos visto a nadie.
El ultimo tramo de la excursión (la vuelta a los coches) fue por senderos mucho más civilizados: la excursión más dominguera que hace la mayoría de la gente que pasa por allí. Sin embargo, en un tramo también bonito y nos permitió ver el nacimiento del Rio Castril, que son unas surgencias de agua de la montaña muy impactantes (en mi opinión). Acabamos la ruta circular en el coche bastante temprano, con lo que nos dio tiempo a volver a Granada para comer algo rico juntos antes de irnos a casa a descansar y pegarnos una buena ducha. Eso sí, algunos se pegaron una buena siesta de vuelta en el coche.
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