Después de descender el barranco Lentegí y de tomarnos un refrigerio en el Indio decidimos pegarle un intento a la ferrata de las Viñas. Es muy fácil (tiene un grado K3, a mi me parece más bien un K2+). Pero el desafío no iba a estar en la ferrata sino en el solazo que pegaba. La mañana había estado nublada durante el barranco (¡bien!), pero al medio día (3 de la tarde) el Sol nos estaba castigando duro.
Todo salió bien, aunque algunos acabaron un pelín colorados de más. Obviamente sabíamos que la ferrata era corta y asequible. Si no, habría sido un despropósito meterse a la misma con el sol y calor que pegaba. Acabamos las actividades del día tomando una leche rizada muy fresquita. Unos en Motril y otros en Salobreña (¡menudo despiste!).